Tras una hora de crucero por la Ruta de los Castillos del Rhin, y otra de autobús desde St. Goar, llegando a Heidelberg, con el estómago haciéndome chiribitas, a la hora de comer.
La verdad que como ya he dicho en otra entrada, al no haber costumbre de dormir tras la comida, a la hora de la sobremesa se respira un ambientazo por ésta ciudad, que a mí me ha dado la sensación de que es un especie de Salamanca a la Alemana, ya que la Universidad de Heidelberg es la más antigua y de las más importantes del país.
Tras, una ligera comida, nos pusimos a patear la ciudad, descubriendo rincones…
…como ésta casa con cara de rana feliz. Tras una pequeña vuelta, entramos en la Heiliggeistkirche o Iglesia del Espíritu Santo, donde en su tiempo fue sede de la biblioteca palatina.
Tras abandonarla, nos dirigímos al Alte Brücke o Puente Antiguo donde aparte de contemplar de cerca una de la puerta de acceso a la antigua ciudad…
…tienes unas magníficas vistas del castillo.
Que es precisamente a donde nos dirigíamos. El castillo en su mayor parte esta derruido, de nuevo por causa de los bombardeos, aunque poco a poco está siendo restaurado.
Aunque las partes ya restauradas tienen una pinta envidiable.
Una cosa que me llamó la atención fue las diferentes y expresivas muecas que presentaban las efigies de animales o seres antropomorfos…
…como éste león con cara tristona, entre otras con caras bobaliconas o de león ‘amanerado’, y éste ser en pleno éxtasis.
Dentro del castillo se encuentra el Barril grande del Castillo de Heidelberg, con el que te puedes llegar a hacer una idea de la vida que se pegaba la realeza de aquella época..
También había un museo sobre una antigua farmacia…
que lo vi en un ‘plis’ porque los pies ya empezaban a doler, aunque todavía quedaba una sorpresa…
Para bajar a la ciudad había que andar un ‘poquillo’ por esta rampa de zócalos durante unos cinco minutos… menos mal que era bajada. Antes de volver a Frankfurt, nos tomamos ( una buena Pepsi ) algo en la plaza de la Iglesia del Espíritu Santo.
Luego pillamos el autobús con ganas, pegándome una buena siesta, y llegando a la hora de cenar a Frankfurt, aunque nos dió por dar un paseo y cenar tardecito en la plaza del Römer…
Y como no nos queríamos ir ‘pronto’ al hotel nos fuimos a tomar un café a la estación de trenes que esta a 100 metros del hotel donde nos quedamos.
Al día siguiente tocaba levantarse al igual que días anteriores tempranísimo, tocaba ponerse en camino de Munich, y de camino conocer y comer en Rotemburgo del Tauber.
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